viernes, noviembre 11, 2005

Una copa en sepia

El siguiente texto se encuentra (también) en línea en:
http://www.sazonperu.com/textos/ambientes/copasepia.html


He concluido y empezado mis visitas a los bares, casi siempre, en complicidad con el blanco y negro de la noche. En ello no creo que exista mayor diferencia con cualquier otra persona. Después de todo, los que gustamos del licor siempre hemos sido niños traviesos que aún jugamos a las escondidas. Pero debo confesar que me une un lazo más íntimo (y nostálgico) con algunos bares por encima de otros tantos: sus paredes y sus fotografías.
Generalmente, las fotografías en un bar son retratos muy mal enmarcados en medio de una tabla de madera que simula una pared. Así que su encanto no se encuentra en su presentación (como suele suceder en tantas otras cosas), sino en su color usual: el sepia.

La primera vez que vi una foto en sepia era muy niño y, evidentemente, no estaba en un bar (creo que estaba en una terraza cuando miraba aquella foto). La verdad es que no me causó mayor impresión. A mis 8 años era una simple foto de una persona muerta hacía mucho tiempo y nada más. Repetí la experiencia años después, con idénticos resultados, al ver un álbum de fotos familiares. No fue sino hasta los 15 años que cambié de parecer.
Un grupo de amigos y yo, particularmente bulliciosos todos, decidimos ejercer nuestra adolescencia en un pequeño bar de Barranco cuyo nombre no recuerdo. Al llegar, nos acomodamos rápidamente en una esquina del local y pedimos nuestras primeras cervezas. Y, en medio del bullicio y del alcohol vi un par de fotos muy antiguas colgadas en una pared.

Las fotos retrataban casonas antiguas del distrito. En sepia. Como un pergamino amarillento y deshecho de tanto ser leído y expuesto a la luz. Y entre copas y risas nosotros accedimos, a través de esa fotografía, a la memoria de aquel bar. No a su historia cronológica (que seguramente, debía remontarse sólo a un par de años), sino a la historia que hacía como suya. A la historia que el lugar quería contar.

Tal vez sea efecto del alcohol, pero lo cierto es que no he podido desarrollar el mismo vínculo con otros lugares que exhiban fotografías en sepia. Yo lo atribuyo al inexplicable encanto que sólo un bar puede ofrecer con sus abrazos fraternales entre parroquianos. Porque ese retrato en sepia, sólo en ese ambiente, pareciera simular el último esfuerzo de un lugar por ganarle al tiempo y a su ingrata memoria.

Es más, les propongo algo, ¿por qué no hacen la prueba? Alguna noche de un viernes, salgan, diríjanse a un bar clásico de Lima, pidan una copa y observen sus fotografías. Si tienen mucha suerte, podrán tener el privilegio de tomar un trago haciéndole trampas al reloj.

2 Comments:

Blogger ultraist transmogrifier said...

no es una chompa. es una mantita.
aunque quizá me equivoqué.

1:10 p. m.  
Blogger Rain said...

Creo que son pocos los bares, con fotos en sepia, aquí en Lima,
También habían unas en el primigenio Café Dominó, cuando estaba en un pasaje de galerías en el Jirón de La Unión. Ahora, sí, claro, también están, allí en los Portales de la Plaza San Martín...

son fotos, a las que uno puede entrar

y se hacen historias, o se quedan en la retina

ya quiero ir a un bar
mañana daré un salto, sólo que sera de día
así quye cuando leas este comment, ya me habré tomado una copa de pisco.

salutes.

11:45 p. m.  

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